SUGEY MENDOZA| Ejercicio por salud o adicción

Por Diana Sugey Mendoza.-

Todos los días muchas personas se reúnen en el mismo punto de encuentro que los une, el gimnasio, quizás no a la misma hora ni tampoco por que hayan coordinado, simplemente acuden al lugar para ejercitarse y cada sujeto dentro de su individualidad tiene objetivos propios por cumplir tales como mejorar la salud, la estética, la condición física, por gusto, diversión, liberar tensión y/o estrés entre otras cosas. Es curioso como esos sujetos que no se conocen y son ajenos uno del otro se encuentran cotidianamente e intercambian sonrisas, palabras amables y experiencias sobre el entrenamiento por lo que después de un tiempo algunos sujetos se hacen amigos.

Sin embargo ¿Qué pasa con las personas que aún luciendo sanas, estéticas, con condición física y  buen físico siguen entrenando de manera obsesiva? ¿Por qué siguen llevando al límite su cuerpo? Una de las respuestas a estas interrogantes y quizás la socialmente más comentada podría ser el mantenimiento, pues al dejar de hacer ejercicio el cuerpo pierde la forma adquirida. No obstante, El tipo de mantenimiento de estos sujetos muchas veces consiste en aumentar peso, número de repeticiones y horas de entrenamiento, por lo que el cuerpo sigue estando en un estado de tensión continua.

Otra de las razones puede ser que además de buscar el mantenimiento el sujeto se hace adicto al dolor que siente al realizar los ejercicios, es decir, se genera una relación masoquista en la cual el dolor es la premisa fundamental para tener el cuerpo deseado, pues frecuentemente se pueden  escuchar frases tales como “si no duele no sirve” y “entre más duela mejor”, por lo que se genera una adicción al dolor, esta adicción al dolor se crea justo en la satisfacción que se siente al estar levantado peso y el goce que se experimenta al terminar, pero cuando el cuerpo se acostumbra al peso es necesario aumentar, para poder seguir teniendo ese placer instantáneo.

Y una tercera razón es que el sujeto esta en búsqueda del cuerpo perfecto, debido a que frente al espejo se concibe como imperfecto y no se reconoce, es decir, tiene una percepción distorsionada del sí mismo, por lo que aunque las personas a su alrededor admiren su físico, él es incapaz de reconocerse a sí mismo y  siempre encuentra una inconformidad a trabajar, buscando así todos los días alcanzar su ideal de cuerpo, dicho ideal es inalcanzable pues el  sujeto esta en falta frente a su cuerpo, luchando constantemente con sus fantasmas disfrazados de inseguridades, miedos, baja autoestima, entre otras representaciones que el sujeto le dé a su fantasma, quedando atrapado en una relación dolor-perfección  y búsqueda de la satisfacción momentánea.

Diana Sugey Mendoza 
Psicóloga
dianasmc22@gmail.com