SUGEY MENDOZA| Ataque tecnológico

Por Diana Sugey Mendoza.-

Hoy en día encontrar a las personas con sus ojos puestos en el celular  se ha vuelto algo tan cotidiano y recurrente que el sujeto no es capaz de darse cuenta que se pierde en lo virtual. Es común encontrar en los lugares sociales a personas con el teléfono en las manos, realizando la mayoría de las actividades del día sin soltarlo, es como si el celular fuese una extensión de  su cuerpo y el individuo fuera incapaz de actuar sin él.

Por lo que cuando no se puede tener acceso rápido a él, el sujeto entra en un estado de intranquilidad estableciendo de esta manera una relación de dependencia sujeto-objeto en donde se necesita al objeto cerca para estar tranquilo, cuando el individuo es privado completamente de este entra en estado de ansiedad que genera diversas emociones como enojo, frustración, tristeza entre otras, formando en el sujeto el pensamiento de “no poder hacer nada”. A lo anterior se le puede nombrar como “incapacidad móvil” pues el sujeto queda incapacitado para realizar sus actividades satisfactoriamente pues tiene la sensación de que algo le falta, es decir,  se concibe así mismo con incompleto.

El celular se ha convertido en algo fundamental para su día a día, en él se guarda información que se considera importante, además de permitirle estar en contacto continuo con otras personas de manera virtual, por lo que si este es olvidado en casa o en algún otro lugar el ínvido de manera automática se regresa por él sin importar la distancia ya recorrida o si es robado o extraviado de la misma manera se busca adquirir uno nuevo pues el sujeto lo necesita para completarse nuevamente.

Lo anterior se ha convertido en un fenómeno social presente en todas la edades, observando a niños haciendo berrinches para que los padres les den un teléfono o padres que prefieren facilitárselo a atender las necesidades del infante, a jóvenes en eventos sociales más enfocados en lo que están viendo en el celular que en la plática entre amigos, comidas familiares en donde padres e hijos comen en silencio pues su atención está en el aparato. El sujeto de cierta manera ha dejado de necesitar al otro físico y lo ha cambiado por el otro virtual que lo complementa, disminuyendo de esta manera las relaciones sociales presenciales, ya que aun cuando se está ante un grupo de personas inconscientemente no se pude dejar de pensar en los mensajes que  están llegando al teléfono y la ansiedad por contestar no le permite del todo mantener conversaciones fluidas. En el cine, al hacer ejercicio, en el día a día el otro virtual siempre acompaña al individuo.

Diana Sugey Mendoza 
Psicóloga
dianasmc22@gmail.com

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