RIZOMÁTICO | Respeto vs Tolerancia

Por Vlad Cuevas

“El prejuicio es la razón de los tontos”. – Voltaire.

 ¿Cuál es la diferencia entre respeto y tolerancia? ¿Cuál es el límite de libertad de expresión al ejercerlos?

    En la era de la comunicación, los conceptos tolerancia y respeto suelen ser confundidos y provistos de prejuicios que complementan nuestro banal entendimiento de la posición del otro. A veces nuestras creencias o tópicos fatales, como los refiere Aurelio Arteta en su ensayo: “Tópicos fatales (O las peligrosas perezas de la ciudadanía)”, delatan las creencias dominantes en nuestra sociedad, los prejuicios colectivos inconscientes.

Muchas veces nuestro comportamiento se ve orientado tanto por nuestras emociones como por nuestras creencias en valores, estos valores pudieron ser heredados por la tradición y si no fueran comprendidos en un proceso de autonomía, seguramente nuestros fines y medios racionales son el modelo que nos fue enseñado desde estas reglas heterónomas (impuestas). Y así como nos vienen impuestas por el ambiente, nos dice Arteta, acabamos siendo responsables de ellas al dejarlas circular, aunque tal parece que no tenemos esa intención de responsabilizarnos de tales discursos cuando provienen de nuestras confundidas emociones.

Incluso solemos ser tolerantes a situaciones no deseadas, pero comprometemos nuestra dignidad por respeto a las decisiones o acciones de los demás. Un límite complicado de aclarar, ya que se puede caer en el reclamo exasperado donde exijo que el otro acepte mi situación por la necesidad intensa que tengo de expresarla desde la comprensión que del mundo o de mis experiencias poseo, mismas que suelo considerar únicas; tal tensión, supuestamente honesta y auténtica, profesa pensamientos prejuiciosos, cuando desde estos supuestos pretendo que todo mi alrededor comprenda mi realidad, la acepte y además la comparta.

El problema es que no nos enseñaron a entender la diversidad sino la igualdad como un principio no apegado a los derechos y el respeto de ellos sino hacia el rechazo de lo distinto, por eso cuando inevitablemente descubrimos nuestros instintos solemos combatir a los desiguales con el deseo de humillarles utilizando nuestra derecho a la libertad de expresión.

Esta libertad para ser ejercida en su límite del respeto hacia al otro debería aceptar a la tolerancia como inevitable aceptación de la diversidad del mundo y sus habitantes, lo que completaría nuestro derecho de ejercerla en virtud de la comprensión del otro y sus posibilidades, del Yo y sus propias limitaciones.

La consecuencia de esta libertad de expresión indiscriminada ha sustentado la necedad del crecimiento de los prejuicios, la ignorancia y la desinformación; la arrogancia con la que se ejerce compite a diario contra los hechos, la razón y posiblemente contra la misma consecuencia del origen de las ideas, el pensamiento autónomo, restringiendo la realidad de las personas al ejercer la tolerancia y el respeto únicamente si este beneficia la ‘posición’ social dentro de la comunidad.

Todos como ciudadanos deberíamos dejarnos de tratar como seres privados limitados por ideas no razonadas, bajar nuestro escudo y como dicen por ahí, comenzar a comprendernos…

@vladimircuevas
Recursos:
ARTETA, Aurelio. Tópicos fatales (O las peligrosas perezas de la ciudadanía). Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, [S.l.], feb. 2016. ISSN 1136-4076. Disponible en: <http://www.revistas.uma.es/index.php/contrastes/article/view/1346>.