RIZOMÁTICO | Las escuelas de la violencia

Por Vlad Cuevas

Las escuelas de la violencia no son las cárceles, sino las propias escuelas de nuestro sistema educativo que evitan participar en procesos que ayuden a  mejorar las prácticas de la convivencia escolar…

Existen nuevas configuraciones de la convivencia social,  la resistencia al cambio y el autoritarismo se han fortalecido en las escuelas debido a esto, aunque existen grupos que quieren provocar nuevas inercias y están impulsando mejores prácticas para construir y reconstruir la convivencia escolar.

Muchas de las situaciones se discurren en perspectivas individualizadas, así como muchas de ellas se sostienen entre la fe y el miedo que añora por regresar a las prácticas del pasado en una lógica de nostalgia del sufrimiento.

Urgente es ya que las escuelas comprenda la diversidad. 

Las diferencias entre las personas al convivir dentro de un grupo siempre emergen, pero en las escuelas las diferencias suelen encontrarse con la resistencia y la exclusión. Un ejemplo claro sería cuando por una u otra razón un conflicto entre estudiantes trata de solucionarse rechazando ya sea a uno o a otro de los inmiscuidos, y rechazándolo no solo del grupo escolar sino también de cualquier oportunidad de resolución afectiva de su conflicto personal.

La gravedad de esta situación ha traspasado límites cada vez con más frecuencia; Es de preocupar como los adultos están dirigiendo directamente sus ataques contra los niños en las escuelas, exigiendo que aquellos que consideran conflictivos a sus creencias sean apartados de sus hijos.

Esto se deriva precisamente de como se acerca muchas veces el padre o madre de familia a las escuelas, más para resolver conflictos y casi siempre buscando el escarmiento, olvidando o minimizando entender el proceso educativo de sus hijos.

Si usar la agresión como método de acercamiento a la resolución del conflicto es permitido por las escuelas, es importante que los actores educativos comiencen a convertirse en agentes de resolución de conflictos, no esperando que un especialista les resuelva los problemas de convivencia con una charla de dos horas.

La escuela al reconocerse como comunidad tiene que reconocerse como un espacio donde la diversidad se sitúa, pero es importante trabajar con ella desde la convivencia para que la comunidad no se rompa. Por lo que el conflicto es una oportunidad de crecimiento, de aprendizaje, éste al presentarse necesita la responsabilidad y voluntad de las partes afectadas para solucionarse.

El conflicto siempre va existir como siempre existirán las personas y su individualidad

Implementar protocolos o proyectos de intervención en las escuelas para provocar cambios no es algo que esté peleado ni con la disciplina ni con la formación de buenos hábitos, ya que dependen del proceso y como se entiende éste desde las distintas y diversas perspectivas. Para eso, las relaciones afectivas se construyen desde el entendimiento del otro, se construye de las relaciones de respeto, del diálogo, de la verdadera participación democrática y práctica de los derechos, con la participación inclusiva y con el uso del lenguaje asertivo, así, el diálogo, la empatía, la comprensión del ser, ayudarán a resolver los conflictos.

La idea es que en las escuelas paremos esta inercia des-obligada donde se termina normalizando la violencia.

Mejorar las relaciones en el aula comienza por mejorar las relaciones entre los individuos. Los tiempos donde la autoridad era vista con un ente intocable que ejerce control sobre los demás a su antojo no deben de seguir, ya hay muchos ejemplos del porqué.

 

Las escuelas no son cárceles y no deben seguir normalizando o ignorando la violencia; Esta postura adulto-céntrica donde el estudiante es ignorado y se convierte en nadie en los centros escolares no puede continuar, por eso es importante repensar la autoridad y consolidar el compromiso de los miembros de la comunidad.

La educación tradicional ha muerto, si no en su práctica sí en su intento de adoctrinamiento, como ésta no entiende de perspectivas ni diversidad, su sistema no funciona más para construir una sociedad justa, pues los estudiantes al salir de sus aulas buscan, inevitablemente, no encajar en lo ya hecho y lo sujeto a reglas obsoletas; el problema es que también salen de los salones de clases sin herramientas para poder socializar, solucionar conflictos  o siquiera ser más cordiales con los demás.

La escuela no es un espacio para intercambiar trabajo por dinero, ni posicionar la política dominante, ni darle prioridad exclusiva a la voz de unos, ni utilizar los recursos para beneficio de otros. La escuela no es el experimento social de nadie, no es el espacio de práctica de los valores de los poderes fácticos. La escuela no es un lugar para ir a conseguir un papel y nada más.

Las escuelas de la violencia no deben ser más, si esto continua así, los niños del futuro de los que tanto se habla no existirán, ya que se habrán convertido en presos y carceleros, en idiotas detrás de un teléfono…opsss!

@vladimircuevas