ALÉTHEIA| ¿Cuántas veces deberíamos aprender una lección?

Por Yamir Valdez.-

¿Cuántas veces tenemos que aprender una lección? Hasta que se aprenda.

Sí, pero entonces, ¿cómo es que a veces tenemos la impresión de revivir la misma situación? Podemos sentir que hemos entendido la lección anterior, pero parece que la vida nos envía una historia similar para verificar nuestro aprendizaje. Y nos damos cuenta de que no hemos terminado de aprender la lección.

Es como aprender un nuevo idioma: comenzamos con los sonidos básicos, y una vez dominados, aprendemos las palabras, luego las oraciones, luego los tiempos verbales, luego las sutilezas del nuevo idioma. Y aun cuando pensamos que lo hemos aprendido, la gente nota nuestro acento. Entonces practicamos hasta que casi no tenemos acento, hasta que soñamos en este nuevo idioma. Podemos decir en ese momento, que lo dominamos casi a la perfección.

También lo es nuestro aprendizaje de la vida. Supongamos que tenemos que aprender a poner nuestros límites. Inicialmente, vamos a vivir situaciones cada vez más difíciles a irritarnos, hasta que tengamos el gusto por aprender este nuevo comportamiento, el de poner límites. Comenzaremos por tartamudear algunos sonidos al principio, tentativamente tratando de comunicar nuestros límites, creyendo que será suficiente para que el otro los respete. Entonces, nos damos cuenta de hacer eso no es suficiente: debes respetar tus límites en tus acciones. Debemos ir más allá para encontrar la manera de ser y decir, lo que nos permitirá establecer clara y firmemente cuáles son nuestros límites. Cada paso que damos nos enorgullece de habernos afirmado. Y creemos que todo está arreglado.

Pero un tiempo después, hay otras situaciones más delicadas, más conflictivas, con personas que amamos, admiramos o tememos para obligarnos a desarrollar un mayor control de la nueva técnica. Estamos trabajando duro para llegar allí y estamos felices cuando ese es el caso. Y creemos una vez más que hemos aprendido todo.

Sin embargo, es posible que al afirmarnos, hayamos carecido de amor. Al no dominar completamente la técnica, existe la posibilidad que nos hayamos afirmado demasiado, lo que nos lleva a algunas de nuestras relaciones. Así que tenemos que refinar nuestra técnica, hasta que sea evidente que sabemos cómo poner nuestros límites en cualquier situación que lo requiera, sin siquiera tener que pensar en ello, o temer hacerlo. Mientras se haga por amor a uno mismo y a los demás, la técnica se domina.

Esto es así para todo aprendizaje de la vida. Incluso cuando pensamos que hemos terminado, la vida vuelve a validar si aprendimos bien nuestra lección, hasta que seamos maestros de este nuevo aprendizaje.

Formamos nuestro aprendizaje a medida que aprendemos nuestras lecciones. Siempre refinamos nuestra técnica en el mismo bloque de mármol hasta que lo dominamos hasta el punto de convertirlo en una obra maestra. Lo mismo ocurre con todas las lecciones de nuestra vida.

Gracias por pasar.