LA CLOACA| LOS CHARROS QUE ARRUINARON EL CINE MEXICANO

Por.- Mario Kato

A mitad del siglo veinte México tuvo la “época de oro” del cine, la llegada de extranjeros exiliados con sumo talento sumado a una generación extraordinaria de mexicanos, tuvo como resultado la producción de filmes icónicos que siguen vigentes, para muestra Nosotros los Pobres, película que encumbró a Pedro Infante como actor y a Ismael Rodríguez como director.

Personajes como el Indio Fernádez, Pedro Armendariz y Luis Buñuel son representativos de aquel momento en que nuestro cine tenía “calidad de exportación”, pero no solo era el nivel artístico el que daba a ese momento el mote de perfección, sino también la fortaleza del cine como industria, hacer cine era rentable, era una verdadera opción para el desempeño profesional de las múltiples disciplinas que rodean a este arte, como la fotografía, el diseño, la actuación, la literatura, la iluminación y etc.

Esta consolidación hizo que el gremio del cine en México se fortaleciera y desarrollara cotos de poder, como lo fue el Sindicato del Cine, el cual no pudo aislarse de las malas prácticas de la política mexicana y al replicar los vicios del sindicalismo nacional, causó un terrible daño a su razón de ser: la industria fílmica.

Es a esos charros a los que me refiero en mi título, no a Luis Aguilar y Jorge Negrete, sino a los dirigentes sindicales corruptos que suelen asociarse con sus patrones a cambio de canonjías, desvirtuando el objetivo original de los sindicatos, para el cineasta Iván Ávila Dueñas, esta fue la causa de que después de aquella generación de la Época de Oro, la producción cinematográfica cayera en un bache, primero con el lamentable cine de ficheras, después con una producción casi inexistente en la que el videoHome cobró su punto más álgido.

En aquellos tiempos no existían escuelas de cine, así que la única manera de ganarte el derecho de dirigir un proyecto, era tener un curriculum vasto dentro de la industria, es decir, haber sido partícipe en diferentes películas en cada una de las áreas de producción, desde tramoyero hasta asistente de dirección, los directores del momento eran muy celosos al momento de avalar a un nuevo miembro, y eso elevaba el nivel de exigencia, según Ávila Dueñas.

Para Iván esta dinámica aseguraba de alguna manera que quien llegará a recibir recursos para un filme, tuviera verdadera vocación y experiencia en el séptimo arte; a la vez que generaba un relevo natural, una especie de “servicio de carrera” al interior del cine, sin embargo, la cosa se empezó a pudrir cuando los dirigentes sindicales comenzaron a dar bases y puestos a sus familiares dentro de la industria, sin importar si estos tenían un interés y capacidad para la cinematografía.

El tiempo hizo lo suyo, la generación dorada del cine mexicano se retiró voluntaria o forzosamente, y quienes deberían relevarlos no estaban a la altura de las circunstancias, al no haber escuelas de cine, no fue posible que el relevo llegara externo al gremio de la industria fílmica, y ahí se truncó el proceso, que nos dejó por muchos años sin un cine destacable, que parece querer volver al protagonismo de aquellos tiempos con figuras actuales como Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu, Carlos Carreras y Alfonso Cuarón; y una generación en ciernes dentro de la cual está nuestro entrevistado, Iván Ávila Dueñas.