ALÉTHEIA| Adicciones.

Por Yamir Valdez.-

Hay todo tipo de adicciones en la vida: la adicción al alcohol, las drogas, el consumo, el sexo, el trabajo, el juego, los videojuegos y la adicción emocional más conocida.

Todos reconocemos que las adicciones a menudo son perjudiciales para nuestra salud, nuestras relaciones, nuestro bienestar. Y sin embargo, la mayoría de nosotros no reconoce nuestro problema de adicción. Lo observamos con bastante facilidad en otros, pero nos negamos a verlo por nosotros mismos. Porque creemos falsamente que si fuéramos adictos, nos daríamos cuenta. Bueno, no. La dependencia existe precisamente porque pasa bajo el radar de la atención plena. Y a menos que tengamos amigos que nos despierten a nuestra realidad, podemos pasar años negando nuestra adicción porque, precisamente, creemos que podemos controlar nuestra adicción.

Por lo tanto, también podemos desarrollar la dependencia de la sobreactividad, un nuevo fenómeno relacionado con el ritmo de vida que se está acelerando, la tendencia de FOMO (miedo a perderse, o el miedo a perder algo de interés, y especialmente a nuestra dificultad para decir que no). Esta nueva adicción es poco inteligente porque es muy valorada en nuestra sociedad de consumo lo que nos impulsa a querer siempre más. El desfile en las redes sociales acentúa este espejo para alondras que nos lleva a su trampa para querer hacer todo, sin parar. De modo que tan pronto como tratemos de “reducir la velocidad” con precisión, la culpabilidad se asienta y nos empuja a reanudar el collar de nuestras actividades con más prisa, incapaz de encontrar una manera de detener este círculo infernal que nos vacía de nuestra energía vital. Creemos que estamos llenos de energía mientras operamos nuestra batería de respaldo sin darnos cuenta, y huimos de lo más bello. Somos candidatos perfectos para el agotamiento, el agotamiento, diversas enfermedades, los únicos elementos que pueden detenernos si no lo hacemos nosotros mismos.

Cualquier adicción está relacionada con la falta de amor propio en la base, que gradualmente se convierte en algo no saludable. Creemos que nuestra adicción nos ayuda a ser mejores, mientras que todo lo que debemos hacer para ser buenos es cuidarnos a nosotros mismos.

No hay que esperar que la vida nos obliga a dejar de nuestras adicciones: decidir por nosotros mismos para reducir la velocidad y aprender a vivir una vida saludable, aprendiendo a amar en voz baja.

Gracias por pasar.