GENARO TOLOSA| No todo mundo ha leído a García Márquez…

Por Genaro Tolosa Vizcarra.

No todo mundo ha leído a García Márquez ni a Dostoievski, Pessoa, Francisco Zarco, Benveniste, Plauto, Mariano Otero (este fue un gran estudioso de la historia mexicana en términos económicos, buen analítico de las clases sociales locales allá por inicios del siglo XIX), etc. A estas alturas del partido, nadie puede presumir haber degustado todos los libros que son menester degustar y en serio. Muchos habrán leído y bien al colombiano y lamentarán amargamente su muerte aquel 17 de abril de 2014, hace 4 años. Otros no lo habrán leído nada pero habrán devorado la obra de Dostoievski u otro gigante literario y lamentarán este suceso por empatía con los lectores del colombiano. Habrá gente que lo lamentará para hacer creer que ha leído algo, por presunción. Etcétera.

No me acuerdo de haberle leído siquiera un cuento, pero entiendo que su muerte es tan lamentable como la de cualquier persona talentosa que sirve o ha servido a las sociedades, que deja un legado. Y el gran talento no solo se refiere a ser escritor, científico, deportista, artista, sabio, líder empresarial, político, moral, sino también a ser digno de mención por el puesto que uno puede ocupar bien en el cosmos social. No me parece pecado que haya gente que no haya leído nunca al colombiano, como no me parece pecado siempre no leer literatura en absoluto o no haber leído literalmente nada en la vida. Los esquimales e indígenas del Amazonas no leen, pero bien que viven en su plenitud muy propia, con sus envidiables talentos y bellas cosmovisiones, aunque no están exentos estos “incivilizados” de imperfecciones y miserias (no hay sociedades perfectas, ninguna está exenta de estrecheces). ¿Qué tragedia es para ellos el que no se topen con los Wilde, Boccaccio, Mann, Cervantes, Rabelais, blablabá? Su mundo teorético, estético será chiquito comparado con el de los hombres más cultos de nuestra civilización global, pero el mundo vivido de sus viejos será enorme: habrán hecho bastante de lo que hoy en día dividimos mediante el trabajo, nadie podrá arrebatarles el título de “hombres totales”, el haberse acercado lo más posible a ese ideal dentro de su propio contexto. En la era civilizada son contadas las generaciones que pueden presumir la producción espectacular de esta clase de seres humanos: ¡acordémonos del Renacimiento!

En realidad, el “leer” vital no es tanto ese acto específico y simple de leer exclusivamente libros de literatura grandiosos, consiste sobre todo en leer el libro de la vida propia y de quienes nos rodean, los que nos antecedieron. ¿Y para qué?: para desarrollar y heredar talentos, exigencia velada de la sociedad en que vivimos y de una sana vanidad propia, para transformar cuánto se deje la esfera de lo humano. Y es que pocos soportan saberse mediocres: o se esfuerzan en ser talentosos o en mentirse y mentir al respecto. Veamos: ¿cuántas personas podemos conocer que no leyeron o casi no leyeron y lograron grandes hazañas?: Gengis Kan, Juana de Arco, Pancho Villa, y tantos más, sin poder mencionar a las personas que se hicieron por primera vez del fuego, de la agricultura, las bebidas fermentadas, la metalurgia, alfarería, porque eso quedó en el olvido hace mucho tiempo, pues ni escritura existía. Tan solo unos ejemplos los anteriores de las innumerables hazañas de los homo sapiens.

Por lo tanto: también a los héroes anónimos y vetados para el registro histórico, que han existido y siempre existirán, hay que saber reconocerlos no con fama vía enciclopedias, internet, televisión, sino residiendo su amor a luchar con ingenio en el corazón de nuestros hijos. Ellos son los hombres que cumplen el cometido en miles de oficios, los que habitan en el campo, la ciudad, ellos son los que podrían presumir lo siguiente al estilo de un tal Karl Marx a sus diecisiete años: “nuestras obras perdurarán discretas pero actuarán eternamente, y nuestras cenizas serán regadas por las cálidas lágrimas de nobles seres humanos”. De hecho, estos virtuosos son los que podrían decir consciente o inconscientemente lo mismo que aquel diecisieteañero: “hemos elegido la opción de vida en la cual podemos realizar lo máximo por la humanidad”.

Filosofo e ingeniero.
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