RIZOMÁTICO | Yo solamente quiero el papel

Por Vlad Cuevas

El proceso de pre-inscripción para este próximo ciclo escolar está por formalizarse en el presente mes en la mayoría de las instituciones educativas. Al concluirse este, entonces serán los aspirantes los que deban de prepararse para los exámenes de admisión, entrevistas, cursos propedeúticos y demás filtros que algunas escuelas utilizan para aceptar nuevos estudiantes.

Muchos de los jóvenes que van a estudiar una nueva carrera parten desde una orientación vocacional al seleccionar una licenciatura universitaria, posiblemente algún tutor o profesor les motivo a buscar dicho campo de estudio para visualizarlo como opción, por otro lado, habrá otros tantos que sigan la tradición familiar o le den prioridad al juicio de sus padres o amigos, habrá quienes estén motivados por su madurez emocional e inteligencia, u otros que dejarán que la suerte tome la decisión.

Estudiar una carrera profesional o cualquier otro oficio, no debería debatirse desde la perspectiva de su importancia en nuestra sociedad, sino más importante será que los jóvenes y los no tan jóvenes que estén entrando en la dinámica universitaria lo hagan con la fiel convicción de comprender el estudio como una herramienta de formación académica, profesional, pero sobre todo personal; puesto que, la educación es para toda la vida y no para detentar un título de papel que les ayude a conseguir un trabajo, para entonces así percibir un sueldo que les ayude a comprar cosas o acumular dinero para no tener que volver a estudiar nunca más.

Infortunadamente, en las filas de espera a las ventanillas de control escolar de los centros educativos, se sigue escuchando a los próximos estudiantes discutir sobre su visión del futuro con un menosprecio por la educación que tal vez nuestro sistema educativo se tenga bien ganado.  Frases como:

 “Yo aquí vengo por que me dijeron que era más fácil”   

            “Quería estudiar medicina pero no alcance ficha y pues me vine a informática”                                                                                                     

“La verdad no quiero estudiar pero mi papá solo me va dejar trabajar si tengo el título”   

         “En el trabajo me exigen licenciatura, si por mí fuera no estuviera aquí”                                 

            “Pues yo sólo quiero divertirme, con que pase las materias y no me estén molestando en la casa es suficiente” 

 “En lo que me case me salgo” 

“Yo estaba muy bien sin estudiar, pero sin maestría y doctorado no voy a poder ganar más dinero”       

   “¿Yo? solamente quiero el papel”…

Estos mismos personajes son los que por todos los medios al estar dentro los programas educativos buscan el camino fácil para pasar materias, comprar calificaciones, quedar bien con los directivos, organizar protestas sin sentido, presentarse únicamente el día del examen, copiar trabajos o dejar que los demás compañeros hagan el suyo, dormirse en clase, distraerse u ocuparse de “cosas más importantes que la clase del maestro” e incluso son capaces de matar (falsamente) a algún familiar o amigo para justificar sus ausencias o irresponsabilidad.  Cierto es que dentro del sistema educativo universitario existen maestros que promueven con éxito tales actitudes, pero eso es otro tema.

¿Qué hacer? ¿De dónde surgió este problema?  ¿ Por qué la educación se está convirtiendo exclusivamente en un medio para conseguir el éxito económico?

Algunos objetivos esenciales que otros sistemas educativos en el mundo distintos del nuestro priorizan para obtener mejores resultados, son los que al parecer determinan el éxito de sus sociedades. Entre ellos están:

  1. La valoración de la labor docente, no sólo otorgándoles mejores prestaciones y sueldos a los profesores sino exigiéndoles desde su formación una preparación intensa.
  2. El acceso a la educación pública, a los materiales y literatura, pero que este gasto sea derivado de un reparto equitativo de los fondos públicos.
  3. Un currículo académico común (homologado) pero flexible (adaptable), ya que no todos los contextos son iguales y es por eso que los fondos gubernamentales no deberían de ser repartidos de manera igualitaria sino equitativa basándose en un diagnóstico fiel de los contextos educativos; que no es lo mismo una escuela en la ciudad que otra en la sierra.
  4. Respetar el ritmo de aprendizaje y  las distintas maneras en las que las personas acceden a él es otra forma de comprender un mejor sistema educativo a la hora de implementarlo, por lo que estandarizar los conocimientos sólo sirve para ciertos momentos.
  5. Precisamente, parece ser el futuro el evitar las pruebas estandarizadas y priorizar las pruebas personalizadas.
  6. Darle un justo lugar a la educación en la vida de las personas, es decir, el extender tanto tiempo el curso de una carrera universitaria o los horarios de clase no es sinónimo de excelencia. Los estudiantes deberían acercarse a la escuela sabiendo que estudiar no está peleado con socializar, practicar un deporte, desarrollar habilidades en un arte u oficio, o incluso en trabajar, por lo que ese nivel de empatía tendría que ser un compromiso en las academias que reparten horas y horas para cubrir contenidos dentro de los programas curriculares.
  7. Por último, evitar la competencia y las cifras por preferir la curiosidad y la participación de los estudiantes. Involucrar en el proceso educativo a los estudiantes, a su familia y a su círculo social tiene más alcance que el resultado de un examen o un premio por mérito académico.

En conclusión, seguir dándole tanto peso a un papel ha provocado que la mayoría se discuta por conseguirles a costa de lo que sea y al obtenerlos usarlos como carta de presentación individual, de intercambio de valores monetarios o de herramienta de segregación social. La educación no debería resumirse nunca en un título sino en un vínculo, un vínculo del individuo con sus semejantes, con su medio ambiente y con su salud mental.

@vladimircuevas