SOFISMAS DE OCASIÓN| Mentirosos, mentirosos.

Por Juan B. Ordorica (@juanordorica).-

El mundo vive un tórrido romance con las mentiras. Está fascinado con esa relación. El engaño, la falacia, los chismes, rumores y enredos nos parecen fascinantes. Poco a poco ciudadanos de casi todos los países sucumben al encanto de las mentiras. Lo que antes era de uso exclusivo de los gobiernos y la política en general, hoy, la semilla de la cizaña encuentra campo fértil para crecer en la sociedad civil.

Los mexicanos y sinaloenses no estamos exentos de las tendencias mundiales. Nuestros gobiernos nos han hecho mucho daño. Nos mienten sin el menor empacho y lo seguirán haciendo con tal de conservar el poder. No existe partido político que se salve de ser unos mentirosos compulsivos. PRI, PAN, PRD, MORENA y demás miniones del erario son maestros en el arte de mentir. No hay mayor secreto en ello.

Los medios de comunicación, que tendrían que ser los garantes de la verdad y la voz de la consciencia, también están metidos en el aquelarre de las mentiras. La ola de las fake news los arrasó y se olvidaron de las investigaciones rigurosas. Se convirtieron en fábricas de mentir o voceros oficiosos de los gobiernos con tal de mantener a flote sus utilidades.

Por más aberrante que parezca, tanto el gobierno y los medios de comunicación, tienen una justificante natural para mentir: la utilidad, el negocio, la estabilidad económica de sus intereses. Se podría decir que la mentira evita que pierdan una forma de vida. Es comprensible y se justifica desde el sentido de la sobrevivencia evolutiva.

Lo que no tiene justificación es el hambre por mentir de parte de los ciudadanos. Las redes sociales están inundadas de mentirosos de hobbie. Los ciudadanos quieren sangre y venganza. Requieren sacrificios en el Chac-mool digital. No nos importa mentir con tal de justificar nuestras ideas y la venganza en contra de los medios y del gobierno. Ellos nos han hecho mucho daño y tenemos que destruirlos, aunque destruyamos nuestra superioridad moral en el proceso.

Si la verdad es una herramienta al servicio del sistema, la verdad tiene que morir. No hay lugar para la verdad en nuestra revolución digital. La verdad reprime y condena. Maldita verdad que puede liberar de culpas en pequeñas ocasiones a nuestros verdugos… ¡Ni un milímetro de indulgencia a nuestros gobiernos y sus vasallos!

Para nuestros revolucionarios digitales, la mentira es moral cuando se trata de combatir al mal gobierno. Corroborar la información o hacer análisis un poco más allá de lo superficial nos convierte en traidores despreciables.

Todo aquel que no es un mentiroso cuando se trata de combatir al sistema es un cobarde. Desde la mentira y la posverdad tenemos que derrotar al sistema. Ser iguales a ellos para cambiar las cosas. La mentira es nuestra revolución…

Juan B. Ordorica.

@juanordorica