RIZOMÁTICO | Los Categorizadores

Por Vlad Cuevas

“Los prejuicios son la razón de los tontos”.- Voltaire

 

La apariencia física y las acciones que se derivan de nuestras circunstancias, podrían ser consideradas como el reflejo de los bienes internos, pero no la definición del Ser. Por lo que juzgarnos, por la forma en que lucimos o por nuestra apariencia, así como exclusivamente por el nivel de nuestro accionar sin un aparente contexto definido, es en mucho de los casos tanto injusto como impreciso.

Hoy en día y considero más que nunca, las personas para comprender el mundo y sus habitantes, parecen reunirse cercanas al prejuicio social. Siempre ha existido tal norma del pensamiento, aquella que juzga sobre lo desconocido o sobre lo aparente. Pero, si los seres humanos, en nuestra infinita complejidad, somos posibles víctimas de nuestras circunstancias ¿por qué somos juzgados por nosotros mismos en ese nivel de entendimiento?

Según el diccionario, apariencia es aquel conjunto de características o circunstancias con que una persona o una cosa se aparece o se presenta a la vista o al entendimiento. También, según el diccionario, circunstancia es la condición o característica no esencial (de tiempo, lugar, modo, etc.) que rodea a una persona o cosa y que influye en ellas o en hechos relacionados con ellas.

Si partimos entonces al ejercer nuestros juicios de valor desde la circunstancia y basados en la apariencia, es al parecer la imprecisión la que denominará en nuestro entendimiento. Ya que aunque las circunstancias puedan ser definitivas, en apariencia, los seres humanos no dejamos de ser complejos y nuestro actuar va más allá de lo que decimos, hacemos o aparentamos.

Por eso encuentro, tanto banales como imprecisas pero sobre todo como aprovechadas, a las personas que utilizan los medios de comunicación y ahora las redes sociales para entretenerse juzgando a los demás como un medio para subsistir, incluso autoproclamándose lideres de opinión o influencers.

 

 

Cierto es que reírnos de nosotros mismos debería considerarse una virtud, de vez en cuando también el chisme ayuda a relajar el ambiente o considerar mejores perspectivas de la realidad, igualmente a desenmascarar la falsedad. Pero convertir esta condición una herramienta de trabajo, al contrario, desvirtúa la nobleza del mismo. Es decir, vivir a costa de los demás y sus ambigüedades es una clara falta de talento.

Sí, lo digo por la creciente cantidad de youtubers, standuperos de ocasión, influencers, etcétera. Que sólo utilizan a la categorización de las masas como una forma de preservar tráfico o generar simpatías con sus audiencias. La gran cantidad de videos y publicaciones de estos “famosos” personajes se limitan a listar en categorías los posibles defectos o virtudes de las personas.

Las 5 tipos de novias, los 5 tipos de novios, los 5 tipos de personas, los 5 tipos de esto y esto otro. Juicio tras juicio, ellos nos inundan  las redes sociales, juicios que se van acumulando en la comunidad como una serie más de`novedosos´ prejuicios.

El chisme y el juicio valoral basados en la apariencia se están convirtiendo en nuestra primera fórmula de entendimiento. Eso lo están aprovechando los perversos que se apoyan de la vox populi para justificar sus acciones premeditadas.

El prejuicio siempre ha existido, pero al parecer mucha gente a encontrado en ese anti-valor una oportunidad para explotarlo en redes sociales, y ejerciendo su malentendida libertad de expresión, aprovechan para hacer dinero a costa de la dignidad de los demás.

Dejo aquí entonces apertura a la discusión. En esta ocasión no concluiré al respecto, prefiero escuchar o leer su opinión, esperando no terminar siendo categorizado en la lista de los amargados de las redes sociales…

@vladimircuevas