ALÉTHEIA| Nuestros conflictos.

Por Yamir Valdez.-

Otros nos recuerdan constantemente el reflejo de las cosas que no aceptamos a nosotros mismos.

Nuestros conflictos a menudo persisten hasta que entendemos lo que tenemos que cambiar. Todas las pequeñas y grandes cosas que nos irritan son precisamente las claves que necesitamos para comprendernos mejor a nosotros mismos.

Todo lo que nos molesta de nosotros mismos o lo que nos molesta en el otro, es un aspecto de nuestra personalidad que aún no hemos sanado.

En un conflicto, desde el momento en que sentimos el inicio de la ira, es porque ya hemos dejado de intentar encontrar una solución y hemos empezado a luchar para tener la razón. Gastamos mucha más energía para justificarnos, para explicarnos, para protegernos, para persistir, para defendernos y para querer tener la razón de que los usamos para encontrar una solución… Entonces, ¿dónde está la ganancia? ¡cuánta energía perdemos en querer siempre estar en lo cierto!

Queremos probar nuestro punto, queremos mostrar que el otro está mal y ¿qué somos? ¿mejores? ¿superiores?

La otra persona no es el problema, es difícil de aceptar, pero es la realidad. No importa lo que la otra persona haya irritado, lastimado, decepcionado, incluso repetitivamente, ella no es el problema. El problema es nuestra reacción a lo que ella hizo. Los otros no están allí para hacernos felices, no es su misión. No están aquí para servirnos, para complacernos o para escucharnos. Los que nos rodean están allí para hacernos conscientes.

Cada persona es nuestro maestro, cada situación es una lección. Una vez que hayamos aprendido la lección, no se repetirá.

Mientras se repita en diferentes formas y con diferentes personas, es porque todavía no hemos aprendido lo que debemos aprender. Si dejamos demasiado rápido el entorno que nos irrita sin haber aprendido la lección, volverá a suceder en el próximo trabajo, la próxima relación, porque no habremos curado este aspecto de nuestra personalidad.

Escojamos nuestras batallas: no es importante ganar todos los argumentos, si eso nos hace perder a los que amamos. Si la relación cuenta más que ganar el argumento, entonces para qué alimentar nuestro orgullo con una victoria que nos cueste una relación que esté cerca de nuestro corazón.

Armonía privilegiada en lugar de conflicto.

No renunciemos a nuestros valores, pero reconozcamos que podemos tener la razón … y el otro también, al mismo tiempo. Cada conflicto es siempre una oportunidad extraordinaria para sanar una vieja herida. A pesar de la dificultad que representa este desafío, busquemos en cambio lo que tenemos que aprender de la situación; encontremos la herida que se expresa en conflicto y aprendamos a amar este aspecto de nosotros para ayudar a sanarlo.

Gracias por pasar.

1 Comment

  1. En el ajedrez, como en la vida, el adversario más peligroso es uno mismo.
    -Vasili Smislov, séptimo campeón del mundo.

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