ALÉTHEIA| Amarse a si mismo: un acto de amor a los demás.

Por Yamir Valdez.-

14 de febrero: ¡fiesta de amor propio!

El Día de San Valentín, la sociedad occidental tradicionalmente celebra a los amantes, con ofrendas de dulces, palabras, chocolates y rosas rojas, emblemas de amor, dulzura y pasión.

Desde hace algunos años, me gusta concebir el Día de San Valentín como una fiesta de amor de una manera más global, el amor por su amante, sin duda, pero también el amor que alimentamos en una familia, hermanos, amigos, nuestra mascota, etc.

Y este año, esta visión es más precisa: el Día de San Valentín es el momento perfecto para celebrar, explorar, nutrir y hacer crecer el amor por la persona más importante en nuestras vidas: uno mismo.

¡Después de todo, somos la única persona con la que pasaremos todos los días de nuestra vida! Un pequeño cliché, estoy de acuerdo, ¡pero es verdad!

Y a pesar de que muchos de nosotros hemos sido inculcados en la creencia de que el amor propio es egoísta y deja poco o ningún espacio para los demás, en mi opinión lo opuesto es verdad; amarse a uno mismo antes que nada, permite luego volver a una relación auténtica, justa, respetuosa y saludable con los demás.

El amor propio al servicio de los demás

Cuando llenamos nuestra profunda necesidad de amor al encontrarlo dentro y ofrecerlo de nosotros mismos, podemos entrar en una relación con los demás a través de un deseo real y no a través de la necesidad. ¡No más adicción emocional!

Cuando podemos ofrecer compasión, bondad y gentileza, en nuestros momentos fuertes como en nuestras debilidades y vulnerabilidades, nos sentimos menos víctimas de nuestras vidas y de quienes nos rodean. Uno asume la responsabilidad de la propia vida y le da a los demás la misma libertad y privilegio.

Cuando uno aprende a aceptarse incondicionalmente en todos los matices del ser, uno puede aceptar más fácilmente a los demás a la luz de ellos y en sus sombras. No tratamos de juzgarlos o queremos cambiarlos.

Cuando reconocemos y cuidamos nuestras necesidades básicas, podemos ofrecer a los demás lo que es correcto y ecológico para nosotros. No es necesario ser el salvador o ir más allá de sus límites.

Cuando nos respetamos profundamente, somos capaces de poner límites que nos protegen y que en última instancia son solo para otros también. El respeto por los demás y sus límites naturalmente se sigue.

Cuando reconocemos su gran valor y la luz que llevamos dentro de nosotros, podemos ofrecerlo y expresarlo libremente al mundo que nos rodea. Y podemos reconocer la luz de los demás sin sentirnos amenazados por su brillantez.

Reconocer la luz en nosotros y en los demás, permite una conexión con lo divino en todo y en la vida de una manera general. No es necesario forzar o creer historias o percepciones de falta; lo mejor sucede cada momento y todo tiene sentido.

¡Una forma de vida liberadora y alegre!

¡Qué alivio volver a ti mismo y reconectarte con nuestra riqueza y poder internos!

¡Qué liberación de conductas inconscientes y relaciones desiguales, irrespetuosas o insalubres!

Qué alegría es crear la propia vida desde una base sólida y duradera; verdadero amor de uno mismo.

Por supuesto, no necesariamente podemos crear esta base de un día para otro. Al igual que otros aspectos de una vida consciente, es más bien un camino que recorremos día a día, poco a poco.

Cuanto más contactamos con el amor en nosotros, cuanto más lo manifestamos y lo practicamos a diario, más fortalecemos nuestra base interna. Y es esta creciente base que permite cambios importantes en momentos clave de nuestro viaje. El amor que tenemos por nosotros mismos nos ayuda a ver las situaciones en nuestras vidas con mayor claridad.

El amor propio cotidiano

El amor propio puede parecer un poco abstracto e inaccesible. ¿Cómo traducir este concepto en acciones concretas a diario para alimentar la relación con uno mismo e, indirectamente, la relación con el otro?

No es ciencia de cohetes y si te haces la pregunta en un momento de silencio encontrarás respuestas. Pruébalo y dime cómo funciona para ti.

Después, si falta la inspiración, aquí hay una lista, ¡no exhaustiva! – formas de amarnos unos a otros todos los días:

  • Pasar tiempo solo para realizar una actividad que te gusta,
  • conocer y satisfacer las necesidades básicas (comer bien, beber, dormir, moverse),
  • conocer y celebrar las cualidades propias,
  • aceptar y honrar las emociones,
  • proporcionar consuelo a aquellas partes del ser que están en dolor,
  • decir no a ciertas personas y en ciertas situaciones,
  • decir sí a algunas personas y en ciertas situaciones,
  • darse el derecho al error,
  • testificar indulgencia y compasión hacia uno mismo, y,
  • perdonar, para afirmarse más y más en la vida.

Si al leer esta lista has despertado en ti otras ideas de maneras de amarse, siéntete libre de compartirlas en los comentarios.

Para ti ahora:

  • ¿Dónde estás en tu amor por ti mismo?
  • ¿Ves el camino ya recorrido? Si es así, ¿cómo se han beneficiado tus relaciones con los demás de tu creciente amor propio?
  • ¿Ves dónde podrías ofrecer más bondad y compasión? Si es así, ¿cómo piensas mostrar este amor?

No importa en dónde te encuentres en el camino, tienes que saber que siempre es posible fortalecer este vínculo de amor uno mismo. Y así siempre es posible mejorar nuestras relaciones con las personas importantes en nuestras vidas.

Espero hayas pasado un feliz 14 de febrero.

Gracias por pasar.