RIZOMÁTICO | Historias sobre venganza V (Capítulo final)

Por Vlad Cuevas

Capítulo final

Han pasado casi seis meses desde el “incidente” de La posada.  Ella, Lupita, sigue caminando sola por los pasillos durante el receso. Se le ve con unas tijeras y un pedazo de tela en la mano todo el tiempo. Durante los cursos de preparación para la graduación, mantiene su mirada fija al pizarrón, pocas veces habla si no es para decir sí o no después de alguna instrucción de los profesores, o cuando alguno de los compañeros cuando trabajamos en equipo le solicita su opinión confirmando alguna información.

Aquella noche cuando me dirigía al patio central y ya todos estaban ahí, degustando la comida, recuerdo como me fui directo a la piñata y coloqué los retazos del vestido de Lupita en ella, mezclándolos con los dulces. Me acerqué a saludar a los invitados especiales y les convencí de ser los primeros que escribieran en el papel kraft. El inútil de Marcos me preguntaba por Lupita y así lo hacía con insistencia con los demás, no le hice caso, centrando mi energía en Monseñor Fuentes quien accedió primero a que lo acompañara a plasmar su mensaje en la pared. Ni Roberto ni su primo estaban cerca en esos momentos, entretanto una comitiva nos rodeaba y entre broma y broma caminamos a una zona de las bardas que dejaba notar la hermosa decoración de dorados y negros que adornaban al patio haciéndolo lucir como una gran pista de baile. El señor Cottel preguntó el porqué de la actividad, le expliqué como a veces queremos expresar muchas cosas a los demás pero no tenemos siempre las palabras correctas para hacerlo, que necesitamos tiempo para pensar y que si no fuera por la escritura, las letras, el papel y el lápiz, no podríamos imprimir nuestros mejores pensamientos,  todos asintieron con un gesto de aprobación y entonces Monseñor Fuentes terminó de grabar de su puño y letra el  primer mensaje: “Que sea el viento cuando sople que nos recuerde de los buenos tiempos, que se lleve los malos recuerdos con su vigor y nos deje la fe con su frescura”, las fotos no se hicieron esperar; allí estaba yo, robándome el show. De repente, Carlos Cottel tomó el marcador y Roberto que al vernos del otro lado del patio corrió rápidamente hacia nosotros y al llegar al lugar intento bromear con él para llamar su atención, pidiéndole primero le firmará un cheque en blanco, algunos rieron por la ocurrencia, sin embargo, el señor Cottel no parecía ser alguien partidario de los chascos por lo que solamente sonrió y concentrado escribió su mensaje. Monseñor le pidió al señor secretario y a la diputada hicieran lo mismo, al terminar de escribir todos ellos demandaron que ese pedazo de la inscripción debería contener el mensaje  de la directora y así también de un estudiante, por supuesto la directora tomó de la mano a Roberto como presidente del comité estudiantil, pero Carlos Cottel insistió en que fuera yo quien escribiera, dijo que al final de cuentas la de la idea no había sido nadie más que la propia CONCIENCIA…

 

Cada vez que la observo me acuerdo de como aquella noche no podía pensar con claridad, como me encerré con llave por dentro en la bodega y me senté con su vestido entre mis manos, me acuerdo de como aquellas tijeras descansaban en mis temblorosas piernas. Y sí, todos los recortes que hice del vestido siguen aún en su mochila, Lupita los tomó uno por uno después de que la piñata fue derrumbada y todos corrieron a recoger los dulces. Cada pedazo, cada corte que recogía del piso era para mí un suspiro que mantenía mi venganza viva, cada vez que se humillaba más mientras desnuda les recogía del piso, con el maquillaje ensuciándole la cara, mientras todos observaban y otros, tomaban video convirtiéndose en mis cómplices perfectos.

Ahora que la veo refugiarse fatigosa en su mesabanco y desmoronándose en el pasillo, puedo sentir algo de bondad, pero la remembranza del llanto que me provocó durante aquellos días aminora mi pesar y me ayudan a tomar aire rechazando tal afabilidad.

Lupita sigue perdida en su mente tratando de entender quien la dejó encerrada en el baño, quien prendió fuego a su camioneta y quien le robo su noche de éxito. Los demás se volvieron pasajeros y espectadores. Preguntarse si fue justo el castigo o si tenía sentido tanto alboroto, ya no es útil. Por otro lado, yo, sigo esperando el momento justo para volver a tomar de la mano la oportunidad que abandoné cuando al dejarme llevar por la vanidad convertí a mi alma en un pedazo de tela más, de esos que pudieran ser parte de la confección de algún vestido, para la decoración de algún solsticio, pero que muchas veces finalizan en simples retazos, siendo lucidos por el odio y llevados de la mano de una mente igualmente abandonada. Misma que se volvería la victimaria y redundaría sus días en historias de venganza personal, de esas donde solemos ser víctimas, pero que esperamos siempre cautivos los momentos de íntima y ordinaria liberación.

FIN

@vladimircuevas

Agradezco me hayas acompañado en este ejercicio mensual que concluyo ahora, espero en el futuro atreverme a molestarte de nuevo con más historias.

 

Aquí las pasadas entradas de Historias sobre Venganza:

 

RIZOMÁTICO | Historias sobre venganza

 

RIZOMÁTICO | Historias sobre venganza II

RIZOMÁTICO| Historias sobre Venganza III

RIZOMÁTICO | Historias sobre Venganza IV (La posada: primera parte)