RIZOMÁTICO| Escuchar (nos)

Por Vlad Cuevas

Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis. – William George Ward

-Disfruta el presente se escucha por ahí, vive tu vida suena por allá, se feliz retumba en tus oídos-…siendo tu propia conciencia quien habla contigo, pidiendo una tregua, un descanso, un momento de calma. Al ritmo del estruendo dentro de tu mente es que dichas frases se guardan relación con nuestro mundo exterior, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros amigos y esos pequeños encuentros de paz que llegamos a vivir,  momentos que nos significan una recarga emocional en el día a día mientras nuestra rutina citadina nos consume el supuesto tiempo que apenas tenemos.

Algunos de los vicios que hemos desarrollado con la vida cotidiana, parecen ya haber vencido a nuestros deseos más profundos, es decir, buscamos muchas veces comunicarnos tanto con nuestro ser  como con los demás que sin pensarlo recurrimos a soluciones de saberes vulgares y guías corporativas; así es como la descripción que le damos a la soledad o al éxito igualmente se relata desde la apreciación de la vida o la muerte por medio de la conciencia de las normas socialmente compartidas.

El compromiso con el día a día, juega un papel importante durante la lucha existencial, sobre todo respecto de las dudas, con eso buscamos comprender al personaje principal de nuestra historia, nosotros mismos, y a su percepción de la realidad. Las diligencias que la reflexión sobre el amor y las relaciones humanas conllevan, provocan que se pueda lograr una compresión de lo que puede significar ser un individuo social dentro de una colectividad que contiene ciertos grados de prejuicios socioculturales. Pero es ahí donde preferimos voltear algunas veces hacia otro lado dejando de escuchar, así tendemos a revalorizar la obviedad de una vida común, prestándonos a recoger una constante reflexión sobre la realidad pero que pocas veces aceptamos o combatimos.

No veo así la solución al dilema de incomunicación si dicho camino sólo nos lleva a la guerra con el universo y sus males, mejor sería provocar una deliberación capaz de recoger el “cómo” se pierde demasiado tiempo creyendo que el futuro está predestinado por nuestras creencias y costumbres, mismas que fueron definidas por presupuestos socioculturales y hábitos adquiridos con el tiempo. Ese “cómo” que nos arroja a la constante incertidumbre de nuestra relación con los demás y donde nos cuesta tomar una tregua con nosotros mismos; para vivir la felicidad en plenitud, ignorando los idealismos que nos definen, los miedos que nos atormentan y los recuerdos que nos predisponen a pensar que lo sabemos casi todo.

Escucharnos más seguido deberíamos…pero para aprender a escucharnos bien y así a los otros. Con seguridad, entonces, dejar de escuchar esa vocecita que nos reclama todo el tiempo sin procurarnos la paz.

@vladimircuevas