PALOMISTAS Y REFRESCO|La forma del agua: El amor desde la laguna verde.

Por Juan B. Ordorica.

Disney con clasificación R, así es como puedo resumir “La Forma del agua”. Guillermo del Toro, en su eterno romance con los monstruos, nos regala su obra más completa; si bien, se aleja un poco de la oscuridad de sus películas, revindica el amor como el lenguaje universal de la vida.

La historia es muy sencilla. No hay lugar para complicaciones: La dama rechazada por sus defectos físicos tiene que recurrir a la autosatisfacción para encontrar un poco de placer en una vida rutinaria; conoce al monstruo rechazado y perseguido por la sociedad; existe un malo que persigue a la pareja e intenta destruir su felicidad. No hay más que contar.

La belleza de la película está en la sencillez. Las escenas con recurrentes simbolismos sirven de apoyo a la trama, pero nunca nos desvían de la historia central que quiere contar el director.

El villano, interpretado por un soberbio Michael Shannon no tiene una real motivación para entregarse a la maldad. Vive en una vida cómoda y rutinaria. Su rechazo a lo diferente es lo único que orilla a perseguir al monstruo. Sirve como disfraz perfecto de una velada crítica social al norteamericano blanco, enojado y violento con aquellos que no comparten su visión de país.

Los papeles de soporte son bien llevados por Octavia Spencer y Richard Jenkins -una empleada del servicio de limpieza en el laboratorio donde tienen encerrado al monstruo acuático y un anciano homosexual vecino de la protagonista – claros simbolismos de sobre las minorías oprimidas por un sistema represor retratado en el filme. Mención aparte para el científico (¿hada madrina?) Michael Stuhlbarg, es un actor que siempre entrega joyas; está vez no es la excepción.

Guillermo del Toro arriesga enormidades en está película.  Algunas escenas entre Sally Hawkins (Eliza) y el Monstruo (Doug Jones) pudieron llegar al rango de lo ridículo, pero la magia de Del Toro las convierte en una magia sublime. Un monstruo bailando con una orquesta de fondo, solo Guillermo Del Toro puede concebirlo sin que parezca grotesco.

Visualmente, la película, es un tesoro. La ambientación nos recuerda mucho a los trabajos ya realizados en HellBoy, pero en está ocasión juega con la luz y las sombras como no lo había hecho antes. El diseño del monstruo tiene rasgos muy distintivos de uno de los personajes de Hellboy, pero mucho más cuidados. Del Toro no se copia así mismo, retoma sus trabajos y los hace evolucionar.

La forma del agua merece un lugar especial dentro de la mitología de monstruos de Hollywood. Es una forma de hacer justicia a las vejaciones sufridas por las decenas de monstruos en la historia del cine.  De alguna manera todos hemos sido monstruos… y alguna vez nos han perseguido.

Juan B. Ordorica.

@juanordorica