RIZOMÁTICO | Los eternos adolescentes

Por Vlad Cuevas

“Aquel que no se conoce a sí mismo es capaz de rendir culto hasta a la sombra de un rey tuerto”.

     Durante la pubertad, un poco antes, la capacidad de nuestra mente se enfrenta al conocimiento abstracto y comienza el camino hacia el autoconocimiento. Es ya en la adolescencia cuando se pasa mucho tiempo formulándose el concepto del Yo. Desde esta etapa y hasta la juventud temprana, los sujetos van siendo cada vez más capaces de ajustar su pensamiento a la realidad, y al conocimiento del sí mismo; para la juventud madura y la adultez, supuestamente, la coherencia entre la idea global de nuestro entorno, las ideas y conocimientos del mundo, de los demás y de quienes somos: no debería de provocar más asombro del que una resaca provoca los fines de semana cuando ya estamos entrados en años.

Sin embargo, cuando los sujetos se quedan atorados en la etapa de la adolescencia y mudan ésta hacia su vida adulta, coinciden inevitablemente la fosilización de ciertos rasgos en la conducta, mismos que describió el psicólogo judío americano David Elkind.

Elkind, explicó los rasgos que describen la tendencia del adolescente a  percibirse a sí mismo como un ser cuyas experiencias y emociones son difícilmente comprensibles por los otros (egocentrismo), a creer que su vida y experiencia son únicas (fábula personal), y a que son el centro de atención e interés de los demás (audiencia imaginaria). Asimismo, describió la tendencia a percibirse a salvo de las repercusiones de conducirse de forma peligrosa o temeraria, a pesar de ser conscientes del peligro (fábula de invencibilidad).

Tales fórmulas de autoconcepto dependen de varias circunstancias, como lo son lo social, lo ocupacional, lo político y lo moral y de los sistemas de creencias que se forman a través del encuentro con las experiencias emocionales, entre otras.

La etapa de la adolescencia, de no superarse en el individuo al llegar a su vida adulta, corre el riesgo de provocarle incurrir en conductas autodestructivas, al permanecer en menor o mayor medida las tendencias descritas por Elkind. Dado que, al enfrentarse a la realidad, el sujeto puede generar un rechazo agresivo en la búsqueda de la protección de su egocentrismo, su fábula personal, su audiencia imaginaria y su fábula de invencibilidad. O por el contrario, convertirse en presa fácil de la manipulación ejercida por entes conocedores de tales tendencias.

Al adolescente le resulta complejo soltarse de sí mismo para poder comprenderse como un ser social, si ya como adulto se mantiene dicha agonía, puede sugerirse el riesgo de asimilar conocimientos que invitan a confiar en pensamientos absolutistas, que buscan alimentar la mente del eterno adolescente.

Caer al servicio de los todopoderosos, que aseguran y seducen al ofrecer mantener el privilegio de la inmadurez, es un camino hacia la adicción que consume el intelecto y la voluntad propia, que inhibe el autoconocimiento y suscita el servilismo. Caer en los dogmas y rendirse ante ellos dependerá, la mayoría de las veces, de la capacidad que se tiene por el análisis del entorno, del autoconocimiento, de la identidad personal; esta última, si falta, puede provocar una dependencia de aquellos que solo buscan utilizar tu fuente de energía como alimento de su propio ego.

@vladimircuevas