CARLOS REA| Cataluña: la independencia en un mundo globalizado.

Por Carlos Rea.

El pasado viernes 27 de octubre el Parlamento de Cataluña declaró su independencia del Reino de España, con una votación de 70 votos a favor, 10 en contra y 2 votos en blanco. Esto producto de los resultados del referéndum independentista celebrado el 1º de octubre del presente año, considerado ilegítimo por la constitución española y el resto de España pero legal para un alto porcentaje de catalanes, apegándose estos últimos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Con una participación del 43%, más de 2 millones de catalanes votaron a favor de la independencia, representando el 90% de los ciudadanos que ejercieron el voto. Es importante resaltar que durante el ejercicio democrático existió un ambiente hostil por parte de las autoridades españolas, producto del desconocimiento del referéndum, el apego a la legalidad y una intención del gobierno de Mariano Rajoy, dicho en sus propias palabras, de proteger a los ciudadanos catalanes. El uso excesivo de la fuerza pública y las detenciones el día del referéndum provocaron la empatía del mundo y el enojo de los catalanes, recordando los tiempos de percusión política vividos en la dictadura franquista.

A partir de la declaración de independencia existe una incertidumbre en España, la Unión Europea y el mundo. Un movimiento geopolítico de esta naturaleza cambia drásticamente el status quo internacional. Como dice Anthony Giddens en su obra “un mundo desbocado”, la adopción activa de riesgos económicos y empresariales es la fuerza motriz de la economía globalizada y esto no debe ser siempre minimizado. La fuga de 1821 sociedades y de cientos de empresas en Cataluña es un indicador preocupante de las repercusiones económicas que tendrá el territorio catalán. El reconocimiento internacional será otro factor que impedirá su autonomía, esto debido a las relaciones diplomáticas que ya se tienen con España en el mundo. La independencia también representa un abandono de la Unión Europea, por lo que los catalanes perderán privilegios que habían tenido producto de esta integración, como la movilidad en Europa gracias al Espacio Shengen, el derecho a la residencia, oportunidades laborales, educativas y comerciales.

El malestar por parte de los catalanes debe incentivar el debate con el gobierno español. Históricamente el uso de la fuerza por parte del Estado solo ha agraviado los conflictos. Tanto Rajoy como Carles Puigdemont, quien recientemente se ha declarado presidente legítimo de Cataluña, deben entender que la democracia trae consigo responsabilidades y repercusiones en nuestras vidas. En palabras de Benjamin Barber, la democracia real necesita regulación del gobierno y del sistema financiero, además de una base sólida en la esfera civil. Características que actualmente no completa la comunidad catalana. Por lo que el éxito de su independencia parece cada vez más una utopía. Pendientes.

 

Carlos Rea.

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