CARLOS REA| Nunca más un México sin ellos.

Por Carlos Rea.

“Y miren lo que son las cosas porque, para que nos vieran, nos tapamos el rostro; para que nos nombraran, nos negamos el nombre; apostamos el presente para tener futuro; y para vivir… morimos”.

Comunicado del EZLN, 17 de marzo de 1995.

Dicen los de en medio que cómo es posible que una candidata de origen indígena aspire a la Presidencia. Dicen que los de abajo le harán el juego a los de arriba. Dicen que ellos dividen un país que no está unificado. Dicen los que no buscan que solo los encuentran cuando hay elecciones. Dicen muchas cosas sin tener la responsabilidad de informarse antes. Creo que ahí radica el problema.

Prejuicios, racismo, machismo y clasismo, son las primeras adversidades que presenta María de Jesús Patricio Martínez en la búsqueda de la candidatura independiente por la Presidencia de la República.

Elegida por el Congreso Nacional Indígena (CNI), organización creada en 1996 con la participación de 523 comunidades, de 25 estados del país y de 43 pueblos indígenas, Marichuy se convirtió en la vocera y candidata del Concejo Indígena de Gobierno. Ella y sus representantes consideran que su participación en el proceso será un recordatorio sobre el olvido y los malos tratos que el sistema capitalista le ha dado a los grupos indígenas de nuestro país. Su rechazo al financiamiento que otorga la institución electoral confirma el simbolismo de su candidatura.

Tras más de 500 años de la llegada de los colonizadores, los grupos más vulnerables en México siguen siendo los indígenas, especialmente las mujeres indígenas. Es por ello que las comunidades optaron por que una mujer los representara por medio del CIG. Abiertamente se han declarado anticapitalistas, autónomos, enemigos del patriarcado, defensores de la naturaleza y los derechos humanos. Por medio de comunicados han reiterado que su lucha no es por el poder. Buscan incentivar la organización de la sociedad civil y los pueblos originarios para detener al sistema que ha explotado al ser humano y los recursos naturales.

Desde que Marichuy y el CIN anunciaron su intención de buscar la candidatura, la partidocracia y particularmente la izquierda institucional han cuestionado la decisión histórica de participación ciudadana de las organizaciones indígenas, argumentando que obstruirán las aspiraciones de alternancia del próximo año, que el EZLN solo aparece en periodos electorales y que son agentes del gobierno oficialista.

Lejos de parecer convincentes estos argumentos, muestran el claro abandono de la clase política hacia los indígenas. Tal parece que el fervor electoral provoca amnesia, pues sus primeras movilizaciones masivas comenzaron con la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte y, a raíz de esa organización de resistencia y defensa,  sufrieron de persecuciones políticas y matanzas como las de Acteal y Atenco, por citar algunos ejemplos. Las muestras de apoyo por parte de los grupos políticos de izquierda han sido transitorios, inclusive algunos de los personajes siniestros que tienen responsabilidad por el hostigamiento contra los indígenas como el ex Secretario de Gobernación y SEDESOL en el sexenio de Zedillo, Esteban Moctezuma y Manuel Barlett, con su famosa Ley Barlett-Ceballos en 2001 ahora forman parte del principal grupo opositor que ve con optimismo el triunfo en el 2018.

Servir y no servirse, representar y no suplantar, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir, son los principios que guiarán el proyecto que representa a los de abajo. Nunca más un México sin ellos.

 

Carlos Rea.

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