RIZOMÁTICO | Historias sobre venganza

Por Vlad Cuevas

“Jamás te unas a un maltratador, ni siquiera para no ser abusado. Si lo haces, caes lo más bajo que puedes, pues te conviertes en su seguidor y en un cobarde”. – Anónimo.

 

Le metí el pie

Tal vez debería de escribir sobre lo que siento en realidad y no de lo que deseo, ya que si sigo añorando amor seguramente terminaré cortejando al tendero que me observa detenidamente todos los días durante el receso.

Odio ir al baño del colegio, la imagen de putrefacción y el olor a heces frescas es terrible, los niños se comportan como animales sin su pastor al salir de casa, no parecen tener control de sus secreciones, es absolutamente asqueroso. Prefiero esperar volver a casa o engañar a la profesora durante la clase de ética para ir a los baños del segundo piso, donde los niños de los grados más altos van, aunque a veces igual de sucios, después del receso los limpian y si tengo suerte permanecerán solos durante mi visita. Odio tener que hacer esto en público, está la puerta que me protege de la desnudez indecente pero de repente se escuchan voces en los pasillos y me pongo nerviosa, que alguien me vea o que alguien se asome solo para molestar, que la maestra me busque o que las monjas hagan algún rondín, de esos rondines carcelarios donde añoran poder encontrar el error o la falta que les calme su ansiedad por doblegar al incauto. Odio ir al baño, solo de pensarlo mi olfato recibe olores, se activa la memoria, el hedor me inunda la nariz y no puedo conseguir permanecer prudente ante la fetidez. Si pudiera eliminar esa función biológica de mi vida, fuera mi primer deseo, después de completar mi venganza…

…He fabulado con delicadeza el momento que satisfaga mi hacendosa imaginación, no estoy segura si lo haré cuando nadie me vea o cuando de mi impaciencia brote un resplandor, debería de tener un esquema que me proteja por cualquier sobresalto, lo intento en mi mente, pero el deseo es tan grande que me vence la excitación. Desde aquel día ambiciono tanto verle derrumbarse, humillarse, tirada al suelo suplicando misericordia, que hasta he recurrido a los rezos que deforman la intensidad de esa relación burda entre ella y yo.

Fueron tres días los que me mantuve diligente, ansiosa, sola, así es como recuerdo esos días entre blancos y negros, sin sentido, pero fue entonces que recibí la oportunidad que tanto esperaba. Y ahí venia, ella, ufana y prolífica, amplia y festiva, su maldita cara me hacía recordar los malditos excusados, oculte mis pies trás mi mochila y espere paciente, fue tan corto el tiempo de espera que la sensación de cobardía se borró al disfrutar el éxito de mi proeza, no concebía el sabor de mi fortuna cuando la vi caer escalón tras escalón, un golpe fuerte retumbo el piso como mil sacos de cemento sacudiendo el descanso cuesta abajo, y así poco a poco, uno a uno hasta la deriva la vi caer, en silencio. El corazón se me paró por un segundo, el miedo me atrapó por otro más, pero fue hasta que la vi revolcarse tratando de reponerse cuando me di por vencida a mi existencia, a mi realidad, a mi deseo cumplido de venganza, maligna, recuerdo tanto como apetecí verla caer…me arrepentí por un minuto que paso lentamente, pero solo fue por el miedo al ser sorprendida. En realidad, no quería ir a visitar a las monjas y atender a su presunción, respiré profundo y contuve por un espacio de tiempo la respiración, nadie giro hacia mí, se fueron sobre ella para recogerla del pavimento mojado, yo, había salido librada y sobre todo… había ganado.

De ahora en adelante era ya ella cómplice de mi propio odio, sentimientos que la tierra deja florecer durante la niñez para mutar de pronto en fieras distantes que solo quieren permanecer, viviendo con violencia en la paz sutil que escala en el ser.

 

Comienzo un ejercicio mensual de pequeñas historias o cuentos que se sumergirán dentro de lo no precisamente sutil: temas de venganza escolar ejecutados por valientes o desgraciados estudiantes de educación básica.  Espero no ofenderles, no provocar su sueño, espero no enfrentarlos a los bloqueos de su memoria infantil. Mi intención, aunque experimental, trata de mantener vigente el tema del acoso escolar desde el sentido mismo de la acción emocional que esto provoca en los estudiantes, y retomar el sentido de venganza que los ofendidos suelen apreciar durante su sufrimiento, lo que pocas veces pueden consumar debido al miedo. No considerando a la venganza ejecutada una solución a la problemática, es precisamente ese deseo el que se tiene que buscar reorientar en los infantes durante todo su proceso de formación social, solo así podrían superar los traumas que se pueden generar en las distintas situaciones de estrés con las que se enfrentan. Aceptar nuestra violencia es una oportunidad para poder considerar a esas emociones expresarse en diversas formas, entonces en el futuro sean una válvula de escape disciplinada, la cual permanezca alejada del deseo de venganza y daño al prójimo. Hoy en día, nuestra ciudad, nuestro país, nuestro mundo, está perturbadamente siendo administrado por niños con facilidad de palabra, niños de tamaño adulto, vengativos, adoradores del dinero, del poder; comprender que las nuevas generaciones necesitan una mejor oportunidad a la que nosotros accedimos, es también darles la oportunidad de no convertirlos en víctimas y victimarios en su próxima vida adulta.

@vladimircuevas