LOS DÍAS TERRENALES | Trilogía sucia de La Habana: mucho más que sexo y ron.

Trilogía sucia de La Habana

Por Mariel Iribe Zenil

Siempre he admirado a los autores que con sus novelas o cuentos nos hacen pensar que escribir es cosa fácil.  “Se lee fácil”, “La prosa es ligera”, he escuchado en reuniones o pláticas de café, y creo que en hacer que parezca sencillo lo que se lee es en donde radical el talento del escritor.

Uno de estos autores es, sin duda, Pedro Juan Gutiérrez. Nacido en Matanzas, Cuba, escribe cuentos y novelas autobiográficas desde la isla, en las que siempre muestra el lado más oscuro de sus personajes. Este es el caso de Trilogía sucia de La Habana y El Rey de La Habana.

El primer libro está compuesto por 65 cuentos, que fueron escritos durante tres años y completamente apegados a la realidad, a su vida cotidiana en 1991, época en la que una crisis económica brutal golpeó a los cubanos. Aquí Pedro Juan escribe desde el coraje y la desesperación. Logra llevar a la literatura, con un estilo fuerte y tajante, una época y la problemática de una sociedad hundida en el hambre y la miseria.

Con su estilo directo hace que las historias se desarrollen con un ritmo vertiginoso: Sexo, ron, música, política, desolación, escasez y nostalgia, aparecen sin maquillaje ni descripciones innecesarias, sin embargo, Trilogía es mucho más que sexo y ron. Trilogía sucia de La Habana está hecha de personajes de carne y hueso que viven al límite y que algunos, a pesar de su corta edad ya han pasado por la cárcel y han sabido sobrellevar la pobreza, así como las incomodidades de las enfermedades venéreas.

Este libro es, demás, un compendio de frases contundentes:

-Uno de joven lo desperdicia todo porque cree que nada se va a acabar. Y está bien que sea así. De todos modos, de viejo te vas a quedar sin nada igual, aunque hayas ahorrado.

-El amor entraña docilidad y entrega. Yo no podía seguir siendo dócil ni entregándome a nada ni a nadie.

-A los cuarenta todavía uno está a tiempo de abandonar la rutina, el agobio estéril y aburrido y comenzar a vivir de cualquier otro modo. Sólo que casi nadie se atreve.

-Vivir en el cuartucho de Olga era como estar metido dentro de una película pornográfica. Y aprendí. Aprendí tanto en aquel tiempo que tal vez algún día escriba un Manual de Perversiones.

Y así podría llenar toda la página. Pedro Juan Gutiérrez ha comentado en diversas entrevistas que esa época en la que escribió cada uno de los cuentos que aparecen en este libro con las experiencias del día a día, fue un período de caos, no solo en cuestiones de escasez y problemas políticos y económicos, sino también un caos personal, y que fue, precisamente, esa inestabilidad lo que lo llevó a vivir situaciones dignas de ser escritas. Una por día. Por otra parte, El Rey de La Habana, de la cual ya les hablaré en su momento, surgió a partir de dos personajes que le sobraron de Trilogía, pues después de tres años escribiendo estas historias tuvo que hacer una pausa, en sus palabras: “ya no podía más”, y es que escribir es un acto, además de egoísta, desgastante. Hay que invocar a todos nuestros demonios, demonios que normalmente permanecen ocultos para poder llevar una vida más o menos normal.