DE LA CALLE | Los huracanes y la violencia silenciosa en Culiacán

Por Iliana del Rocío 

El Ministerio de Minería en Chile emprendió este año la campaña de medios titulada “los desastres no son naturales”, con la finalidad de derribar la idea errónea, pero tan común, de que las catástrofes son resultado de la “saña” de la naturaleza, cuando más bien son producto de las negligencias y la corrupción de quienes toman decisiones.

Hace a penas algunos meses me tocó compartir estas mismas ideas con niños de 8 años, porque fui invitada a un curso de primaria para hablarles de “Cómo la ciencia puede ayudarnos a prevenir riesgos”. Los pequeños entendieron muy bien la idea; los fenómenos son naturales, los desastres no; porque los peligros y las zonas susceptibles se pueden identificar y se deben tomar medidas al respecto, no sólo reactivas sino de prevención, que implican, por ejemplo, regular los permisos de construcción en lugares donde pueden ocurrir tragedias.

Aunque los niños de 8 años comprendieron bien la necesidad de los estudios técnicos para la prevención, la manera como se aplican no les quedó muy clara: ¿Por qué si ya se han identificado las zonas susceptibles de inundaciones y deslizamientos se siguen permitiendo las construcciones en esos sitios? ¿Qué están haciendo las autoridades al respecto?

Tanto en Culiacán, como en el resto del país, la prevención de los desastres naturales está en un hoyo negro del que parece no haber salida y no importarle a casi nadie. Cada muerto, cada familia que pierde sus propiedades o a sus seres queridos, no por exponerse sino por habitar zonas riesgo, son participes y víctimas de una violencia silenciosa (Quiet violence) que está presente a través de las omisiones de quienes toman decisiones públicas anteponiendo intereses financieros particulares a la seguridad de la población.

Aunque se han invertido grandes sumas de recursos del erario en la elaboración de Atlas de Riesgos para identificar las susceptibilidades (en Culiacán, por ejemplo, se han realizado tres diferentes Atlas en 10 años), en la práctica pocas veces se implementan porque hacerlo generaría costos para quienes invierten en suelos no aptos y para sus aliados.

En el 2015 el Instituto de Geografía de la UNAM elaboró el estudio “Los Atlas de Riesgo municipales en México como instrumentos de ordenamiento territorial” a través del cual se analizó la ejecución y seguimiento de estas herramientas en diferentes municipios del país. Los resultados del estudio son desalentadores; los Atlas Municipales no se implementan, y esto ocurre principalmente por tres razones: Primero, las áreas responsables o involucradas en los temas de ordenamiento territorial no se comprometen con estos instrumentos – aunque claramente deberían -, y las direcciones de Protección Civil, si bien “están”, son reactivas, es decir, casi cuerpos de bomberos que no cuentan con capacidades técnicas ni recursos para operar los Atlas y coordinar la elaboración de Planes de Prevención de Desastres.

Como segunda razón el estudio señala que los Atlas de Riesgos son “jurídica e institucionalmente” difíciles de operar, y esto es debido a la marcada separación jurídica y de organización entre las políticas de desarrollo urbano y ordenamiento territorial y las de protección civil. Tercera: los usuarios finales de los Atlas – dependencias con facultades en el ordenamiento urbano, por ejemplo – están sujetos a “múltiples fuerzas políticas  que definen prioridades de ocupación y usos del territorio”, como los agentes inmobiliarios y los grupos empresariales. Y aunque el estudio no lo menciona, yo encuentro un cuarto factor que contribuye a la inoperancia de los Atlas: el desconocimiento ciudadano y la ausente exigencia de la sociedad organizada.

En el estudio de Ruiz Rivera y Casado Izquierdo (citado arriba), se retrata la situación general de los Atlas en el país, y al hacerlo se habla casi de manera exacta de la posición de este instrumento en Culiacán. ¿Hasta cuándo seguiremos culpando a Manuel, Harvey e Irma de los desastres y comenzaremos a asumir nuestra responsabilidad?

Cito el comunicado del Ministerio de Minería en Chile:

“Los desastres dejan de ser “naturales” si se construye deliberadamente en zonas de peligro. Por ello, no corresponde victimizarse ante la naturaleza, sino asumir la responsabilidad humana al decidir dónde y cómo construir”.