De la calle | El desastre naturalizado y la violencia en Sinaloa

Animalpolítico

Por Iliana del Rocío

Elafiche.mx/ El desastre es terrible, hasta las últimas horas se han contabilizado 1,223 pérdidas humanas*: hombres y mujeres; mayores y menores de edad; madres, padres, hijos y hermanos que no regresarán a sus casas. Cientos de familias han tenido que dejar sus hogares porque ya no son seguros. Entre los saldos, se cuentan además los desaparecidos – cuyo número es inexacto-, huérfanos y lesionados.

A través de los medios de comunicación y de las redes sociales se difunden imágenes de la tragedia. Se comparten sin pudor los cuerpos expuestos, lastimados, ultrajados, como si fueran objetos para saciar la curiosidad o el morbo. ¡Pobre! ¡Quizás estaba en el lugar equivocado! Exclama el espectador, para después volver al café, cambiar de página o revisar los comentarios de la última foto que compartió en sus vacaciones.

No estoy hablando de los fenómenos naturales que han afectado a nuestro país en los últimos meses; estoy hablando de la violencia en Sinaloa. La realidad es que en este desastre la solidaridad es escasa. Pocos buscan a los desaparecidos, no se organizan grandes grupos y los voluntarios son unos cuantos. Los huérfanos están desamparados, y  las personas que pierden a sus familiares y/o sus casas deben silenciosamente resignarse y trasladarse a otros lugares, como en una procesión que pocos perciben.

Por citar este año, y por citar sólo a Sinaloa, en promedio cinco personas son asesinadas cada día, en lo que se ha vuelto una tragedia cotidiana. Las victimas avanzan como gotas que van llenando los huecos de nuestras conciencias. Son cosa de todo los días, desastres en los que no queremos pensar.

Bauman y Donskis (2015) han identificado esta falta de sensibilidad ante el sufrimiento y la violencia como una «ceguera moral» típica de nuestros tiempos, donde hemos perdido la capacidad de asombro por la crueldad y estamos en peligro «de perder nuestra capacidad de empatizar con quienes sufren» (Bauman y Donskis, 2015:12).

No obstante a que esta ceguera moral parece disminuir cuando en una sociedad se enfrenta la emergencia de un hecho esporádico, que conmueve de repente y hay que atender de inmediato, se hace presente cuando enfrentamos tragedias cotidianas; desastres tan frecuentes que se vuelven rutinarios.

Bauman y Donskis retoman el relato de Roth sobre el pueblo judío en Europa del Este para retratar lo que llama «mecanismos de aclimatación sensibilizadora». Argumentan cómo una sociedad se siente impactada y dispuesta a atender la situación ante un evento perturbador cuando este recién se presenta, en el entendido de que es un hecho irregular que se solucionará pronto. No obstante, cuando el problema que se enfrenta es recurrente, cuando «la catástrofe se convierte en crónica», los colaboradores se vuelven gradualmente indiferentes a ella (Bauman y Leonidas, 2015).

En fin, en Sinaloa la violencia tiene una presencia crónica, y la mayor parte de los ciudadanos parecen haberse  adaptado e insensibilizado ante ella. Para hacer llevadero el malestar permanente los sinaloenses crean una coraza psicosocial que les permite mantenerse estables. Y es que, nadie puede vivir con miedo. Nadie puede vivir en medio del desastre, necesitamos de alguna manera sentirnos seguros… aunque eso nos convierta en «ciegos».

*Los datos corresponden a los homicidios ocurridos entre enero y el 20 de septiembre del 2017. Fuentes: Semáforo Delictivo de Sinaloa, cifra de homicidios mensual, entre enero y agosto del 2017. Debate, cifra de homicidios del 1 al 20 de septiembre del 2017.