AYOTZINAPA| Apunte de un diario. Octubre 2014.

Por Diego Morales.//

De forma especial, por objeto del 3er aniversario del crimen de Ayotzinapa, comparto con ustedes una reflexión escrita en mi diario personal, allá, en los primeros días de octubre de 2014, a escasa semana y media del impune asesinato.

Viviendo entonces en la Ciudad de México, entre amigos y música (la obnubilada felicidad del ingenuo), me tomó de sorpresa aquella sangre -como a millones. Días después escribí las líneas que siguen; a las que ahora no agrego, suprimo o estilizo, siquiera un ápice.

A la luz de las investigaciones y diligencias sucedidas de aquel año a la fecha, cuantos errores contenga mi escrito los asumo, son míos; el crimen, la felonía, el acto cobarde y atroz, que los asuma el Estado.

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Octubre 2014

            Se rompe el dique: la noticia de los hechos se hace nacional e internacional, pese a que los dos baluartes de la desinformación de este paisito no lo mencionen en lo más mínimo. Mutilados, desollados, quemados… y, en el más amable y estúpido de los eufemismos: 3 muertos y 43 desaparecidos. Pero esto no es nuevo, nunca ha sido nuevo en esta barbarie con bandera.

Ahora veremos elevarse desde sus madrigueras a los oportunistas de siempre; dirán “Dios! Cómo es posible!?”, “Exigimos justicia!!”, “México es un narcoestado”… Y bla-bla y bla-bla, sin aceptar la parte de culpa; sin siquiera permitirse en su fuero interno la posibilidad remota de la parte de culpa.

La educación política, cívica de este paisito es la de un petardo que abre su entraña en la noche cualquiera. Eleva su entraña policroma en la mansedumbre opaca. Estalla en emoción, en pasión dentada…, para luego extinguirse –libre de error, sano el pecho– en un tenue olor a azufre. Y mañana? Y al día siguiente? Llenar los súper mercados y las plazas.

La educación política de este paisito –en su relación inextricable con la educación sentimental– se halla inclinada a la reacción ante los hechos consumados. No previene, reacciona; no proyecta, improvisa. Similar a un acto reflejo, nuestra educación política carece (como atributo continuo) de la mediación volitiva. ¿Arbitrar nuestras actividades sociales, vía los derechos constitucionales? Sencillamente un sueño.

Las fosas que ahora nos conmocionan, serán remplazadas mañana por otras fosas. El asombro olvida al asombro. El morbo abandona a su gemelo.

Declaraciones, vestiduras rasgadas. En los días siguientes pasarán lista los cangrejos ermitaños de la vida pública de esta comarca. Poetas, novelistas, guionistas, políticos, bailarines, filósofos…, una larga y nutrida caravana de animalitos de Iván Petróvich desempolvarán los escritos y frases que en su momento no resultaron prudentes.

–Y los muchachos? Los asesinados?

–Vaya, hombre! Pero por qué arruinarnos los discursos? ¿Acaso no te conmueve cómo Pepa la Poeta imposta su voz en el                                  proscenio?

Los asesinados se quedarán muertos. Esa es una realidad. No existen soflamas que remedien la muerte. Sólo la vida pergeña a la vida; sólo los actos le dan dimensión a los actos –verbales o físicos. Seamos dignos de las víctimas: es la única posibilidad de vindicar el arrebato. Vida dando vida. La ecuación esquemática: desaparecidos = discursos, es una mierda. Qué harás tú?

Si es posible señalar (como se señala una calle, un cartel o una puesta de sol), señalar con la sinceridad del dedo, con toda su evidencia equitativa, uno de los grandes males del proceder humano en este momento histórico ya nutrido de algunos siglos a la fecha, ese mal estriba en la pobrísima y enclenque facultad de situarnos alternamente fuera de nuestro punto-perspectiva individual, fuera de nuestro foco exclusivo de certidumbre. Y esto compete a la privada elaboración del poema, del cuadro, de la partitura…, así como –y con mayor brío, ya que involucra lo colectivo-social– a nuestros pronunciamientos y acciones en torno a los fenómenos y acontecimientos sociales. La modorra del juicio, la parálisis del criterio a favor de decálogo, está hundiendo a este mundo en una nube hiper-abstracta de valores en la que es posible hacer todo, decir todo, porque no se respeta nada ni un carajo, porque desde obligo unívoco, me importa una mierda generar un convenio.

En un escenario con un yo entendido como unidad estanco, como gaveta, como buzón autosuficiente…, se encarna la paradoja del sin sentido: un yo omnisciente y omnipotente: uno que es fotógrafo, poeta, periodista, diseñador, modisto, empresario, escultor y etcétera… Un sujeto que es todo porque de hecho no es nada. Un tipo que, al transgredir la mesura, se convierte en un cataplasma sin brújula.

Sólo el otro me da forma; sólo lo otro me organiza. Solo, sólo defeco sobre un yo afectado, ‘modosito’.

Hoy son estas fosas. Mañana –a complacencia de nuestro morbo insaciable– serán unas fosas más grandes (Oh, Cronos!), con más cuerpos que devorar. Las veremos en los periódicos al regresar de los súper mercados, de las plazas; las veremos en internet; las veremos en las pantallas… Fosas en México, fosas en Iraq, fosas en Francia, fosas en Angola, fosas en Australia, fosas en X parte del mundo. Las veremos desde Stara Zagora, desde Araucania, desde Adelaida, desde Hirosaki, desde Tinduf, desde Y parte del mundo, siempre con un dejo de “en otra parte; allá lejos; acaecido a otros”. (Todo esto dicho conforme a los sectores de la población mundial que, rebasando aun mínimamente la miseria rapaz, se encuentran en condiciones de creerse con criterio –aunque sea el criterio lo que menos ejerciten.).

Ya lo he dicho en otra parte: una de las aspiraciones del pensamiento estoico, que en giros y grutas de siglos arriba al socialismo y al anarquismo, es la noción de ciudadano del mundo, “ser ciudadano del mundo”: un ser lúcido, amable, agresivo contra la ignominia y el servilismo grotesco; un hombre non finito, que a sí mismo se reta y amplia con ello la frontera aparente de sus límites… Bien, esto es lo que tenemos: un imbécil, un alma del espectáculo, una boca abierta frente a las pantallas y los anuncios, un arrogante nerónico, un Narciso de a peso. Bien, el pendejo es el ciudadano del mundo.

En los días siguientes veremos desfilar el asombro… pero, ¿cuántas vidas se verán modificadas por este hecho atroz? Con la imagen de los muchachos asesinados en las pancartas, las calles rebozarán en consignas y en rabia… pero, ¿cuántas vidas se verán modificadas? Y, más importante: ¿cuál será la cualidad de dicha modificación –si acaso se da?

Sólo la vida pergeña a la vida… La vida de estos muchachos –motivo, a los ojos del verdugo, de su muerte– es quien debe hablarnos. La vida de estos muchachos (y de millones más) no sólo como el efectivo y contundente, y venerable acontecimiento biológico que fue, sino la llama rotunda de sus aspiraciones y proyectos… es quien debe hablarnos. Y de hecho lo hace; pero ¿prestamos oído? ¿Damos vida?

Ataviarnos con la nube circunstancial de los fenómenos no transforma las condiciones históricas y sociales por las que y en las que se generan. Los años veinte del siglo pasado de este paisito: con sus “Viva Cristo Rey!” cercenándoles las orejas a los maestros en pro del laicismo educativo, se hallan tan presentes hoy en día como la guadaña en turno del vil asesinato futuro.

Remozar una ventana no altera la estructura de la casa. Mucho menos la del paisaje.

Este país está podrido; el mundo está podrido.

Dividida en cuatro puntos principales, la respuesta del Estado a este crimen de Estado será 1), como la más manida de las historias policiacas, enconar la culpabilidad de los hechos en el matrimonio Abarca y su relación con el narcotráfico, a la vez que 2) una caza de brujas entre la población de la punta de lanza de su saqueo habitual: la policía, los cuerpos policiacos; también, 3) el Estado –verdadera caterva de delincuentes profesionales, cuya comparsa con los “medios de información” dominantes mezcla y confunde a los primeros con los segundos– constreñirá lo más posible el flujo de noticias, no sólo desde el epicentro del suceso hacia el exterior nacional e internacional, sino en su misma circulación periférica: propiciando con ello su distorsión paulatina y su inanición en una suerte de leyenda, enhebrada a una ‘opinología’ infinita –para la que acólitos del tipo de los Camínes y los De Castros se pintan solos; además (y todos estos puntos manejados como un ajedrez dinámico, estratégicamente aleatorio) 4): el hecho quedará ahí, estropeado por el tiempo, sólo un ripio más, como las mil efemérides rojas de un México y un mundo gobernado por asesinos indiferentes.

Esta, y no otra, será la respuesta del Estado; misma que se reproduce en todo el mundo de forma cínica y natural. Comida común, inane; un día en el súper mercado o en la plaza. Sólo asombro mórbido y volátil.

 

mascullo@hotmail.com  

1 Comment

  1. Un trabajo bien logrado que dibuja la realidad social de un México hundido en la miseria, mediocridad e insensbilidsd, donde las representaciones sociales están cargadas de superficialidades que no le alcanza más que pensar en su yo, lo que le impiden ponerse en la piel de otros.

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