Movilízate, suscita el cambio

Nelson Rolihlahla Mandela, fue uno de esos individuos que, con sus ideas y acciones, transformó la historia reciente de la humanidad. Abogado, activista, político y filántropo, Mandela similar a aquellos hombres y mujeres que han cambiado el rumbo de la historia, tuvo una vida azarosa, aventurada y muy difícil; al conocer su biografía, es imposible no concluir que su legado.

En la obra autobiográfica, “El largo camino hacia la libertado es consecuencia de su inquebrantable espíritu, e incluso, hasta de la fortuna o de un milagr”, Mandela nos cuenta que nació en julio de 1918, en una remota aldea de Sudáfrica, que fue el hijo menor de un consejero jefe del rey de la tribu Thembu, lo cual le representó un relativo privilegio, ya que desde niño, tuvo la oportunidad de acceder a formación académica, que le permitió pronto adquirir conciencia de la opresión que padecía su pueblo en su propia patria, y con ello, a la vez, desarrollar un inquebrantable espíritu de lucha. Al morir su padre cuando tenía apenas 9 años, el regente de la tribu, se hace cargo de su tutela, lo cual le permitió llevar una infancia bajo buenas condiciones, tomando en cuenta las circunstancias de dominación y sometimiento que los blancos tenían sobre los negros; la cercanía con el regente le brindó a Mandela una formación en el liderazgo, además que le permitió asistir a las asambleas de la tribu, las que se desarrollaban de forma democrática, todos los asistentes tenían derecho a hablar y al final el regente concretaba la reunión.

Ya entrado en su juventud, en Johannesburgo, al iniciarse en la abogacía, también inicia su politización, desarrollando ideas de izquierda, revolucionarias y de desafío al injusto y terrible orden social establecido de segregación, opresión y muerte que imponía el Estado. Es así que se inició en el activismo político antisistémico, de reivindicación, en la clandestinidad, y con ello fue ganando un liderazgo en el desarrollo de su lucha y peregrinación por toda Sudáfrica y posteriormente por el continente africano; lo cual lo llevo a ser acusado, perseguido y juzgado por sabotaje, insurrección y terrorismo. Mandela como todo revolucionario, ante la opresión del Estado, consideraba que la lucha armada era inevitable. El proceso legal para condenarlo fue largo y complicado, pero derivado de una redada en la granja de Rivonia, centro de operaciones de la lucha revolucionaria, se encontraron documentos que vincularon a Mandela a un plan para emprender una guerra de guerrillas en Sudáfrica, delito que se castigaba con pena de muerte. Así inició en 1964 el “Juicio de Rivonia”, que duraría ocho meses, y que generaría gran expectación en todo el mundo.

Mandela al hacer su declaración en el juicio expresó:

“No niego haber planeado actos de sabotaje. No lo hice porque tenga un espíritu temerario, ni tampoco porque ame la violencia. Los planeé como resultado de una evaluación metódica y serena de la situación política surgida como resultado de los muchos años de tiranía y opresión a los que se ha visto sometido mi pueblo… He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro alcanzar. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Seguramente por la presión social, no solo por parte del pueblo africano, si no de muchas partes del mundo, Mandela y sus compañeros se salvaron de la orca y fueron condenados a cadena perpetua en la isla de Robben. 27 años de presidio, en condiciones infrahumanas, no hicieron sino atemperar el espíritu de Mandela y continuar su lucha desde otra trinchera. Al interior de la cárcel, continúo ejerciendo la abogacía defendiendo a otros presos, y además, junto con otros presos políticos, formó una especie de colegio o universidad en donde se impartían diversos cursos de diversas materias de las ciencias sociales y humanidades. En 1982 trasladaron a Mandela y a algunos de sus compañeros a una prisión de Pollsmoor, en las inmediaciones de Ciudad del Cabo.  Para entonces el panorama en el mundo era distinto, Mandela tenía muchos seguidores en diversas naciones, se habían independizado algunas naciones africanas como Mozambique y Angola, se inició la campaña “Free Mandela” contra el Apartheid; con todo ello la causa de Mandela se mantenía vigente y por ello el gobierno le ofreció en seis ocasiones amnistía; mismas que rechazó.

En los años ochenta, las presiones contra el Gobierno sudafricano aumentaban diariamente y las naciones de todo el planeta empezaban a imponer sanciones económicas; ya para 1989 la agitación y la violencia política en el país estaban alcanzando un nivel sin precedentes; es en ese año que F. W. de Klerk asumió la presidencia, el cual se manifestó por vía pacífica y democrática, por lo que liberó a presos políticos entre ellos a Mandela, el cual ya para entonces se había convertido en todo un líder mundial. Ya en libertad, Mandela lideró las negociaciones para la desaparición del apartheid y la instauración de la democracia en Sudáfrica, lo que le hizo obtener el premio Nobel de la paz. En 1994 se convirtió en el primer presidente sudafricano de raza negra; al culminar su mandato, no quiso reelegirse, y creó la fundación Nelson Manda desde la que luchó contra la pandemia del SIDA.

La ONU este día señala<http://www.un.org/es/events/mandeladay/>:

“El 18 de julio de cada año, día de nacimiento de Nelson Mandela, la ONU pide a las personas de todo el mundo celebrar el Día Internacional Nelson Mandela (18 de julio) haciendo la diferencia en sus comunidades. Cada uno tiene la capacidad y la responsabilidad de forjar un mundo mejor, y el Día de Mandela es una ocasión para que cada uno actúe e inspire el cambio.

En noviembre de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de julio «Día Internacional de Nelson Mandela» en reconocimiento de la contribución aportada por el ex Presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad.

En la resolución 64/13 <http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/64/13> de la Asamblea General se reconocen los valores de Nelson Mandela y su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria en los ámbitos de la solución de conflictos, las relaciones interraciales, la promoción y protección de los derechos humanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de los niños y otros grupos vulnerables, así como la lucha contra la pobreza y la promoción de la justicia social.. Se reconoce también su contribución a la lucha por la democracia a nivel internacional y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo.

La Asamblea General decidió en diciembre del 2015 ampliar el alcance del Día Internacional de Nelson Mandela, que se observa cada año el 18 de julio, para que también se utilice a fin de promover condiciones de encarcelamiento dignas, sensibilizar acerca del hecho de que los reclusos son parte integrante de la sociedad y valorar la labor del personal penitenciario como servicio social de particular importancia.

La Asamblea General, en su resolución <A/RES/70/175 http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/70/175>, no sólo adoptó la revisión de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, sino que también aprobó que estas sean conocidas como «Reglas Nelson Mandela», para rendir tributo al legado del presidente de Sudáfrica fallecido y que pasó 27 años en prisión en el transcurso de su lucha, que se menciona anteriormente.”

En México tenemos mucho que retomar del legado de Mandela. Vivimos tiempos de retroceso en trascendentales temas, como la vigencia y protección de derechos humanos, ya que pareciera que el país da un paso para adelante y dos para atrás; somos ejemplo a nivel mundial de que, desde el mismo gobierno, se pueden cometer impunemente atroces violaciones a los derechos humanos; estamos sometidos por la inseguridad, la impunidad y la corrupción, cual si estuviéramos en arenas movedizas, ya que entre más se les combate, más se exacerban; México es el claro ejemplo de un país, donde el sistema penitenciario es una tragedia, ya que que lo menos probable es que se dé, una readaptación social de los delincuentes; somos un pueblo en el que priva una terrible desigualdad social, en el que unos cuantos concentran mucha riqueza, generada a costa de la mayoría; también a pleno 2017, el racismo y la discriminación están presentes en un país en el que nacer indígena, es garantía de pobreza y de falta de oportunidades. Incluso en el desarrollo de la democracia como forma de vida y de gobierno, en cada proceso electoral, nos toca atestiguar amenazas, compra y coacción del voto, incluso desde las mismas instituciones de gobierno, se da de manera sínica y descaradamente, la discrecionalidad y clientelismo en la entrega de apoyos y programas de combate a la pobreza, lamentables situaciones que ya deberían estar superadas por la democracia mexicana. Por ello estamos obligados a como lo dijo Mandela, a movilizarnos, para suscitar el cambio.