La muerte de un valiente, la falta de una estrategia

Foto: afp / Fernando Brito

No, el gobernador Quirino Ordaz Coppel no es culpable de la muerte del periodista y corresponsal Javier Valdez. Lo mató el crimen organizado, lo mató la valentía de sus palabras y su pluma, aquella pluma que en buenas manos pesa más que un fusil.

Sí, la omisión y falta de estrategia en materia de seguridad por parte del gobierno estatal ha sido cómplice en la ola de violencia que azota el estado, la enorme ausencia de gobierno en sindicaturas y poblados ha dejado tierra fértil para la impunidad y la delincuencia, volviendo a niveles incontrolables.

Tampoco es Quirino un asesino, ni el gobierno autor intelectual de las muertes que han ocurrido contra maestros y ciudadanía, la omisión no necesariamente es complicidad pero sí un pecado, y vuelve evidente la incapacidad del Estado a hacerle frente a la complejidad de la delincuencia, ya sea por falta de compromiso, interés, estrategia o liderazgo.

A Javier lo mataron por valiente, por no quedarse callado, por no guardar silencio ni agachar la mirada, lo mataron de forma cobarde, pero así mueren los valientes, así muere un sinaloense.

No, la solución no es pedir la renuncia ni la cabeza del gobernador, tampoco se limita a demandar, exigir y descalificar la poca o nula acción del gobierno estatal en materia de seguridad. La solución está en dejar la simulación de un lado, de los esfuerzos ineficientes y fragmentados de tantos cuerpos policiales, militares y marinos desplegados por todo el estado pero desconectados entre sí, por desconfianza, colusión con el crimen que deben combatir, asimetría en la información y cuestiones políticas. Tampoco es la solución crear fiscalías especiales y comisiones para cada caso concreto, eso es seguir simulando a través de la formas sin atacar el fondo, sin solucionar el problema estructural de nuestro estado.

Hay preguntas que deben ser realizadas. ¿Qué acciones concretas se están haciendo para fortalecer las instituciones de seguridad pública estatales y municipales? ¿Cómo se está combatiendo la corrupción y la colusión con el crimen organizado por parte de estas corporaciones policiales?

Solamente la colaboración eficiente y activa entre sociedad y gobierno puede hacer un cambio en el estado, la estrategia de seguridad –inexistente- ya no debe caer solo en altos mandos abstractos que poco o nada tienen que ver con la realidad que sufre la ciudadanía, debe ser discutida, creada y evaluada entre la sociedad civil y el gobierno.

Ni los lamentos ni la empatía para con este suceso traerá de vuelta a Javier, ni impedirá que sigan más, la muerte de Javier Valdez debe ser un precedente, el precedente claro de que se necesita una estrategia, que la incapacidad del gobierno estatal es notoria y los apoyos de gobierno federal están más canalizados en otros asuntos de carácter “urgente” (Edomex, Coahuila y Nayarit). Ante vacíos de poder, es la sociedad la que debe tomar las riendas, y si no, “Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno”. Hasta siempre Javier.

Rafael Ramírez Caro